A principios del siglo XX, muchas localidades españolas compartían nombre, más de 1.000 para unos diez mil municipios. La forma de vida permitía que el hecho no fuera un problema grave, ya que era poco habitual que las personas viajaran y, aún menos, que lo hicieran entre poblaciones pequeñas y distantes, que era el caso de la mayoría de las que portaban nombre coincidentes. Sin embargo, la implantación del ferrocarril hizo que las distancias se redujeran. Y, sobre todo, la popularización del servicio de correo recomendó la utilización de nombres únicos que evitaran confusiones, tanto de billetes de tren para los viajeros como de geografía de destinatarios para los carteros. Así, la Real Sociedad Geográfica hizo una propuesta en junio de 1916 por la que se reformaría la Nomenclatura geográfica. El 2 de julio de ese año, la Gaceta de Madrid (lo que hoy es el BOE) publicó el Real Decreto de 27 de junio de 1916 con los cambios de denominación de las 573 localidades afectadas.
La medida supuso que el ayuntamiento con mayor categoría administrativa (por ser capital de provincia o cabeza de partido judicial) o de mayor población, conservaba su nombre intacto; mientras se variaba el topónimo de las localidades de menor rango. Para dicha corrección, se procuró que el cambio no fuera arbitrario, sino que atendiera a la tradición o historia local. Además, se usaron con preferencia términos geográficos, ya fueran ríos, montañas u otras particularidades, de forma que el topónimo se ligara a perpetuidad al accidente geográfico, por su evidente inmutabilidad. En la provincia de Alicante fueron afectados ocho municipios.
En diciembre de ese año de 1916, ABC publicó una nota con las primeras modificaciones efectivas, aludiendo al alicantino Monforte, termino que se repetía en otras provincias. Al de aquí, el Real Decreto publicado en julio le designó como Monforte de la Rambla. Pero las protestas de los monfortinos hicieron que se aceptara su solicitud de llamarlo finalmente Monforte del Cid.
Otro de los pueblos de la provincia de Alicante que fueron obligados a cambiar de nombre fue Muro, que hubo de añadir “de Alcoy” para distinguirse de otro pueblo homónimo en Mallorca. El apellido fue tomado del río Serpis, también llamado Alcoy. Pero ante la confusión con la capital de la comarca, Muro lucha por borrar ese apellido. Solicitó formalmente retomar el nombre simple de Muro, pero fue denegada su petición por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, precisamente por la confusión que se produciría con el municipio mallorquín. En los últimos tiempos toma fuerza la opción de llamarse Muro de Mariola.
El caso de Banyeres de Mariola, nombre oficial desde 1993, es muy curioso. Su denominación era Banyeres hasta que en 1707 el Decreto de Nueva Planta y la castellanización de topónimos consecuente le hizo rebautizarse como Bañeras. Pero al coincidir con un pueblo catalán, en 1916 se propuso su cambio a Bañeres, mientras el tarraconense permanecía igual (hoy se llamada Banyeres del Penedés).
El resto de pueblos alicantinos que mudaron de denominación lo hicieron adquiriendo un apellido, como fueron Aguas (hoy Aigües) que se renombre como Aguas de Busot; Guardamar, desde entonces del Segura, como Formentera; Gata de Gorgos y San Juan de Alicante (hoy Sant Joan d’Alacant). Algunos portan el sufijo con indiferencia, otros con pena e incluso hay algunos, como Monforte, que se diría que lo lleva con garbo.
December 03, 2019 at 01:26PM
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